La casa tequilera Jalisciense explica cómo Flor Alteña y Casa 1989 se integran a tendencias actuales de consumo, experiencias gastronómicas, coctelería y preferencias del consumidor contemporáneo.

El tequila acompaña celebraciones, sobremesas, reuniones espontáneas y rituales personales. Está presente en la vida cotidiana de México, pero pocas veces se habla de lo que ocurre detrás de cada estilo: cómo se define su carácter, para qué momento fue diseñado y qué lo diferencia sensorial y conceptualmente de otra etiqueta.
En ese sentido, Casa Tierra Cobriza abre una conversación que rara vez se aborda desde dentro de la industria: no todos los tequilas se beben igual porque no todos fueron hechos para lo mismo.

Flor Alteña: la expresión que vive en momentos intencionales
Flor Alteña es un tequila creado para entornos donde la pausa, el ambiente y la experiencia importan. En palabras de Rafael Salazar, Director de Planta:
“Un tequila elegante, versátil y sofisticado.”
Ese carácter se traduce en situaciones donde su presencia encaja de manera natural: cenas largas y cuidadas, celebraciones íntimas, reuniones donde la estética forma parte del ritual y experiencias gastronómicas en las que el tequila acompaña el platillo en lugar de competir con él.
Flor Alteña no busca imponerse; fluye en espacios donde el consumidor quiere algo afinado y fresco, un perfil que sostiene la conversación y no la interrumpe.

Casa 1989: la expresión que se adapta al ritmo del día a día
En contraparte, Casa 1989 responde a un estilo de consumo más dinámico. En el portafolio oficial se describe como:
“Un tequila para todos los momentos… versátil, innovador y accesible.”
Es el tequila que funciona en la coctelería diaria —desde palomas hasta margaritas—, en reuniones improvisadas, en previas, fiestas y convivios donde el servicio debe fluir sin complicaciones. Casa 1989 se adapta a cualquier escenario porque no requiere protocolo: está hecho para acompañar la espontaneidad del consumidor moderno y para integrarse sin fricción a distintos contextos sociales.

Aunque Flor Alteña y Casa 1989 habitan momentos completamente distintos, ambas expresiones comparten la misma base técnica, sensorial y empresarial de Casa Tierra Cobriza, concebida —según su documento institucional— como un proyecto industrial y estratégico, no como una marca tradicional que replica fórmulas heredadas.
Ese origen permite desarrollar tequilas con roles claramente definidos: uno orientado a la intención y al detalle; otro diseñado para la flexibilidad y la vida real.
En lugar de competir entre sí, funcionan como dos herramientas complementarias dentro de la misma categoría. Cada una responde a una necesidad distinta del mercado y a dos maneras legítimas de vivir el tequila: desde la pausa cuidada hasta la convivencia espontánea.
Y al entender esos momentos, el consumidor también entiende mejor la categoría: no todos los tequilas están hechos para lo mismo —y eso es precisamente lo que enriquece al tequila mexicano hoy.
Conoce más acerca de Casa Tierra Cobriza y sus procesos en su Instagram: @Casa.TierraCobriza.Y en @floraltena @casa1989tequila















