Rosa Isabel Monroy Hernández

Maestra en Derecho por la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

La decisión de estudiar Derecho nació a raíz de la muerte de mi padre y un largo juicio intestamentario de ocho años, en el cual cedimos derechos a mi madre. Consideré que era importante el conocimiento de las normas jurídicas, no solo para resolver conflictos, sino también para proteger la dignidad de las personas y garantizar el respeto de sus derechos. Originalmente quería ser internacional y por eso ingresé a la Universidad de las Américas, en Puebla, donde me inscribí en la carrera de Relaciones Internacionales. Sin embargo, al ingresar se acababa de abrir la carrera de Derecho y había dos especializaciones, Fiscal e Internacional. Decidí sin pensarlo, estudiar Derecho Internacional.

Así inicié la vida en el Derecho, uno de mis maestros era Procurador del Estado de Puebla, creí que iba a poder ser Agente del Ministerio Público, pero no se me dio esa oportunidad, no obstante ser uno de los mejores elementos, pues en tres meses, terminé con un rezago de más de tres años, de la Dirección de Averiguaciones Previas. Considero que fue lo mejor, pues inicié la maestría en Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, en donde tuve la fortuna de tener como uno de mis maestros al Doctor Luis Ponce de León y como mi compañera a Arely Madrid Tovilla, ambos Magistrados del Tribunal Superior Agrario. Ellos fueron los que me impulsaron a hacer el examen de ingreso a los recién formados Tribunales Agrarios, al no conocer la materia tuve que hacer dos intentos, pero logré ingresar como Secretaria de Estudio y Cuenta.

Tuve la fortuna de estar dentro de los Tribunales Agrarios por veinticinco años, colaborando con grandes Magistrados como Guillermo G. Vázquez Alfaro, Rubén Gallegos Vizcarra, Mario Mendoza Solórzano, Balbina Villa Martínez, Agustín Hernández González, Luis R. Hernández Palacios y Enrique García Burgos, entre otros, pero siendo éstos a quienes valoro y considero mis más grandes maestros en la materia Agraria. Fueron ellos los que me enseñaron a valorarla y entender que es una materia eminentemente Social, que sirve para apoyar a los más necesitados a fin de lograr una paz y seguridad jurídica relacionada con la tenencia de la tierra en México. Esto al ser más de la mitad de territorio nacional de superficie social, es decir, ejidos y comunidades.

Podría enumerar varios casos interesantes sin embargo, puedo mencionar que a lo largo de la función pública me tocó conocer asuntos, en los cuales se llegaron a matar por no haber sido designados sucesores preferentes, así como aquellos en que se logró llegar a buen término con convenios o sentencias ratificadas por los Tribunales Colegiados.

En lo personal, estudiar Derecho y especializarme en Derecho Agrario representa mucho más que una elección profesional. Constituye un proyecto de vida basado en la convicción de que el conocimiento jurídico puede convertirse en un instrumento de transformación social. Mi propósito es contribuir al fortalecimiento de la justicia agraria mediante la investigación, la práctica profesional y la defensa de los derechos de quienes integran los ejidos y comunidades del país. Estoy convencida de que un campo con certeza jurídica es condición indispensable para el desarrollo sostenible, la paz social y el respeto a la dignidad de las personas que viven y trabajan la tierra.

A lo largo de mi trayectoria profesional he confirmado que el ejercicio del Derecho Agrario implica una enorme responsabilidad ética y social. Cada asunto representa la posibilidad de preservar el patrimonio familiar, proteger derechos colectivos y contribuir a la solución pacífica de conflictos que, en ocasiones, llevan años afectando a las comunidades rurales. Esta experiencia ha fortalecido mi compromiso de ejercer la profesión con objetividad, preparación constante y un profundo respeto por la legalidad.

Estoy convencida de que la investigación jurídica constituye una herramienta indispensable para identificar las deficiencias del sistema normativo y proponer soluciones que respondan a las necesidades actuales del país. Mi interés busca generar propuestas que fortalezcan la seguridad jurídica de las comunidades agrarias y contribuyan al perfeccionamiento del marco constitucional y legal.

Considero que el Derecho Agrario enfrenta importantes desafíos derivados de los cambios sociales, económicos y ambientales que experimenta México. La protección del territorio, la regulación de los recursos naturales, la preservación de los derechos colectivos y el reconocimiento pleno de las comunidades indígenas requieren de un análisis permanente que permita adaptar las instituciones jurídicas a las nuevas realidades sin perder de vista los principios de justicia social que dieron origen al régimen de propiedad social.

Ya puedes compartirlo!