Georgina Aguillón del Real

Licenciada en psicología. Maestra en teoría psicoanalítica. Docente en diversas universidades públicas y privadas, en la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana y en la Escuela Militar de Oficiales de Sanidad. Perito en psicología forense.

El feminicidio representa una de las expresiones más extremas de la violencia de género y constituye un grave problema social, jurídico y cultural en México. Más allá de las cifras y de los procesos penales, este fenómeno interpela directamente a la comprensión de las motivaciones profundas que llevan a un sujeto a ejercer violencia letal contra una mujer. En este contexto, el psicoanálisis ofrece una perspectiva valiosa para enriquecer las investigaciones de feminicidio, al aportar herramientas conceptuales que permiten explorar la dimensión subjetiva, inconsciente y simbólica de estos crímenes.

El psicoanálisis no sustituye la investigación criminal ni el trabajo forense tradicional, pero puede funcionar como un enfoque complementario que amplía la lectura del acto feminicida. Desde esta disciplina, el crimen no se entiende únicamente como una conducta desviada o antisocial, sino como un acto cargado de significación psíquica, inscrito en una historia personal y atravesado por relaciones de poder, deseo, agresión y goce.

Uno de los aportes centrales del psicoanálisis en el estudio del feminicidio es el análisis del vínculo entre el agresor y la víctima. En muchos casos investigados en México, existe una relación previa: pareja, expareja, familiar o conocido cercano. El psicoanálisis permite explorar cómo el otro —en este caso, la mujer— puede ser investido inconscientemente como objeto de control, posesión o amenaza para la identidad del agresor. La violencia extrema puede aparecer entonces como un intento fallido de restaurar un equilibrio psíquico ante la vivencia de pérdida, abandono o humillación.

Conceptos como pulsión de muerte, agresividad y repetición resultan especialmente útiles para comprender la insistencia de ciertos patrones de violencia. Desde esta óptica, el feminicidio no siempre es un acto impulsivo aislado, sino el punto culminante de una escalada de violencia sostenida, donde el sujeto repite escenas de dominación y sometimiento. En México, donde muchos feminicidios están precedidos por denuncias de violencia familiar, esta lectura resulta fundamental para identificar señales de riesgo y comprender por qué la agresión no se detiene.

Otro elemento clave es la relación del agresor con la ley simbólica. El psicoanálisis plantea que la ley no solo es un conjunto de normas jurídicas, sino una instancia psíquica que estructura el deseo y limita la violencia. En casos de feminicidio, puede observarse una falla en esta relación con la ley, donde el sujeto no reconoce al otro como semejante ni acepta límites a su actuar. Esta perspectiva permite analizar por qué algunos individuos transgreden de manera extrema, incluso sabiendo las consecuencias legales de sus actos.

En el ámbito de la investigación forense en México, el psicoanálisis puede contribuir al análisis del discurso del agresor. La forma en que narra los hechos, justifica la violencia o minimiza el daño ofrece pistas sobre su estructura psíquica y su posicionamiento subjetivo frente al crimen. Expresiones de cosificación, desresponsabilización o culpabilización de la víctima no son meros recursos retóricos, sino manifestaciones de una lógica inconsciente que sostiene la violencia de género.

Asimismo, el psicoanálisis puede aportar a la comprensión del impacto del feminicidio en el entorno social y familiar. Las víctimas indirectas —hijas, hijos, familiares— quedan atravesadas por el trauma, el duelo y, en muchos casos, por sentimientos de culpa o silencio. En un país como México, donde el tejido social suele verse profundamente afectado por estos crímenes, esta mirada permite dimensionar las consecuencias psíquicas que van más allá del caso judicial.

Es importante señalar que la aplicación del psicoanálisis en investigaciones de feminicidio enfrenta desafíos. Entre ellos, la necesidad de formación especializada, el diálogo interdisciplinario y la resistencia a enfoques que no ofrecen respuestas inmediatas o cuantificables. Sin embargo, su valor radica precisamente en abrir preguntas, complejizar la comprensión del fenómeno y evitar explicaciones simplistas que reducen el feminicidio a “crímenes pasionales” o hechos aislados.

En conclusión, el psicoanálisis aplicado a las investigaciones de feminicidio en México ofrece una herramienta teórica y clínica para comprender la violencia desde su raíz subjetiva y simbólica. Al incorporar esta perspectiva, no solo se amplía la lectura del agresor y del acto criminal, sino que se contribuye a una reflexión más profunda sobre las condiciones sociales, culturales y psíquicas que permiten la persistencia de esta violencia. Pensar el feminicidio desde el psicoanálisis es, en última instancia, una forma de apostar por una comprensión más humana, crítica y comprometida con la erradicación de la violencia de género.

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