¿Pides calaverita o celebras Halloween? Los dulces que conectan generaciones en esta temporada
En México, octubre y noviembre no se viven de una sola manera. Las calabazas, los disfraces y el “dulce o truco” conviven con las flores de cempasúchil, las ofrendas y el tiempo en familia y las reuniones con amigos. Halloween y Día de Muertos tienen orígenes y significados distintos, pero en las calles, las casas y las fiestas ambas celebraciones se encuentran en una misma temporada como una invitación a compartir, jugar, disfrazarse y mantener vivas las tradiciones.
En ese cruce, los dulces ocupan un lugar particular. Son parte de la emoción de salir a pedirlos, de preparar una bolsa para recibir a quienes tocan a la puerta y de generar momentos de compartir durante una reunión.
Los datos reflejan ese gusto por compartir. El 79% de los mexicanos disfruta pedir y dar dulces durante esta temporada, mientras que el 65% celebra tanto Halloween como Día de Muertos[1]. Así, las dos fechas no necesariamente se viven como tradiciones separadas; para muchas personas, forman parte de un mismo periodo de encuentros, actividades y celebraciones. Los dulces se convierten un uno de los elementos centrales que sirven de puente para ambos momentos y permiten que cada celebración tenga su propio lugar.
Las emociones asociadas a estos sabores también cuentan una historia. Alegría, diversión y conexión están entre las principales sensaciones que despiertan los dulces en esta época. Hay alegría en el juego de pedirlos y repartirlos; diversión en probar algo distinto con amigos; y conexión en el acto de compartir. En una temporada que invita tanto a celebrar como a recordar, esos pequeños momentos adquieren un significado especial.
Para la Gen Z, compartir experiencias es parte esencial de la celebración. Los planes pueden incluir desde una fiesta de disfraces hasta una salida para ver decoraciones, una reunión en casa o una visita a la ofrenda familiar. En cualquiera de esos espacios, los sabores intensos y las combinaciones inesperadas e intensas encuentran su lugar: se prueban, se comentan y se convierten en parte de la conversación. Los dulces picositos responden bien a ese espíritu de curiosidad, diversión e intensidad, donde elegir un favorito o recomendarlo a alguien más también forma parte del plan.

Además, en el contexto mexicano, los dulces picositos adquieren una relevancia distinta. En ese universo, marcas queridas por generaciones de mexicanos como Lucas y Skwinkles acompañan la temporada desde un lugar familiar para muchos consumidores.
Las celebraciones de Halloween y Día de Muertos también hablan de cómo las tradiciones se transmiten y evolucionan. Algunas familias conservan costumbres de generación en generación con momentos que unen a todos. A veces, salir a pedir dulces mientras en casa se prepara una ofrenda; otras veces, amigos se reúnen para disfrazarse y después visitan a sus familiares.
Más que competir con las tradiciones, los dulces forman parte de los momentos cotidianos que las acompañan. Entre disfraces, altares, historias y reuniones, la temporada ofrece muchas maneras de encontrarse. Halloween y Día de Muertos pueden ser distintos en su origen y significado, pero ambos abren espacios para convivir y crear recuerdos. Los dulces, incluidos los picositos de Lucas y Skwinkles, se suman a esa mezcla como parte de una experiencia compartida que combina alegría, diversión y conexión.
[1] Datos internos de MARS













