Por Dr. David Leopoldo Guido Aguilar, especialista en seguridad

Miles de personas asisten cada semana a conciertos, eventos deportivos, lugares turísticos o plazas públicas sin notar la compleja red tecnológica que protege esos entornos. En nuestro país, la conversación sobre la seguridad ha estado históricamente anclada a la reacción: investigaciones que inician después del hecho y un enfoque que persigue el delito en lugar de anticiparlo. Hoy, en lugar de cuestionarnos cómo responder a la crisis, deberíamos preguntarnos cómo evitar que ocurra.

El objetivo de una seguridad inteligente es garantizar que las personas puedan seguir disfrutando de eventos masivos, parques o sitios históricos con plena confianza.

Para entender por qué debemos impulsar un cambio de paradigma de lo reactivo a lo preventivo, basta reflexionar cerca del 40 % de los ciudadanos quienes confiesan haber modificado sus rutinas, dejando de caminar por su entorno o evitando visitar parques, centros recreativos y espacios turísticos por miedo a ser víctimas de un delito, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Cuando el temor dicta la agenda ciudadana y vacía nuestros espacios, queda claro que la prevención desde el diseño y la gobernanza pública es una necesidad de primer orden.

De hecho, la inseguridad también tiene un impacto económico directo. El Instituto para la Economía y la Paz (IEP) estima que el costo económico en México equivale a cerca del 18 % del PIB nacional, considerando pérdidas de productividad, gastos en seguridad y afectaciones al entorno económico. A ello se suma un costo menos visible pero igual de relevante: menos consumo en comercios locales, caída en la actividad nocturna y menor uso de espacios recreativos.

Para elaborar estrategias de prevención, sin duda, encontramos un aliado clave en la tecnología. Hoy más que nunca, la innovación nos permite diseñar entornos que disuaden el delito por sí mismos. Esta filosofía, conocida en el urbanismo como “Prevención del Delito Mediante el Diseño Ambiental” (CPTED, por sus siglas en inglés), se basa en una premisa simple: un espacio bien diseñado es un espacio seguro.

Las medidas de prevención pueden ser tan sutiles como efectivas. Hablamos de iluminación estratégica que elimina escondites, sistemas de videovigilancia con analítica de video que detectan comportamientos anómalos en tiempo real o arcos de detección vehicular conectados a bases de datos para identificar vehículos robados al instante. La clave está en crear un ecosistema integrado donde la tecnología actúa cuando más la necesitamos, comunicándose entre sí y con centros de monitoreo operados por personal capacitado. El valor no está en una herramienta aislada, sino en la capacidad de integrar información, monitoreo y respuesta en tiempo real.

En México, estamos avanzando en esta dirección. La inversión en centros de comando C5 y la modernización de las comunicaciones policiales son prueba de una transición hacia modelos de seguridad basados en análisis de datos. Sin embargo, el verdadero salto cualitativo ocurre cuando las soluciones se construyen a la medida, no solo cuando se adquieren de un catálogo. Las dinámicas de nuestro país exigen un entendimiento profundo del terreno antes de proponer cualquier solución.

La transición hacia este modelo preventivo exige una nueva categoría de socios estratégicos en el país. El trabajo que realiza Impaktum es un ejemplo de cómo la integración de tecnologías avanzadas —bajo una perspectiva consultiva y de diseño ambiental— resulta fundamental para que las inversiones en seguridad de las empresas y ciudades dejen de ser un gasto reactivo y se conviertan en activos de prevención.

Al final del día, el impacto más importante de una seguridad bien diseñada es su efecto en la vida cotidiana. Es la familia que puede caminar por un parque al anochecer, la mujer que no siente la necesidad de cambiar su ruta por precaución o el comerciante que prospera en un entorno que transmite orden. La seguridad que mejor funciona es, paradójicamente, la que menos se nota. No es la que exhibe músculo con sirenas, sino la que previene, anticipa y permite que la normalidad florezca.

México tiene la voluntad política, el talento y la tecnología para consolidar esta visión a largo plazo. Es el momento de asegurar que cada inversión esté respaldada por un diagnóstico riguroso, garantizando que la medida más valiosa de nuestro éxito sea que los ciudadanos puedan salir a la calle y sentirse tranquilos.

Nota del editor: Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

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