Georgina Aguillón del Real
Licenciada en psicología. Maestra en teoría psicoanalítica
La psicología forense enfrenta escenarios donde el análisis técnico debe coexistir con una profunda responsabilidad ética. Entre los diversos asuntos que pueden llegar al ámbito pericial, los casos de feminicidio constituyen uno de los mayores desafíos profesionales debido a la convergencia de factores criminológicos, victimológicos, psicológicos y jurídicos que demandan una valoración integral. Cuando, además, el feminicidio se encuentra inmerso en un contexto de trata de personas y explotación sexual, la complejidad del abordaje aumenta exponencialmente, obligando al especialista a trascender la lectura aislada de los hechos para comprender las dinámicas de violencia estructural que precedieron al desenlace letal.
Uno de los casos que mayor impacto ha tenido en mi práctica profesional involucró el feminicidio de una mujer joven cuya muerte fue consecuencia de un ataque extremadamente violento perpetrado por su expareja sentimental. La intensidad de la violencia ejercida, evidenciada por un elevado número de lesiones producidas con arma punzocortante, constituyó un indicador criminológico relevante para comprender la carga emocional, el control coercitivo y la intención destructiva presentes durante la agresión.
Desde la psicología forense, la evaluación exigió integrar información proveniente de diversas fuentes documentales, entrevistas, antecedentes de violencia, análisis victimológico y elementos contenidos en la carpeta de investigación. Los casos relacionados con trata de personas presentan particularidades que frecuentemente dificultan la investigación judicial. Las víctimas suelen experimentar procesos prolongados de sometimiento psicológico, dependencia emocional, aislamiento, amenazas, coerción y normalización de la violencia. Estas condiciones pueden generar respuestas conductuales que, desde una perspectiva ajena al trauma, resultan difíciles de interpretar. En consecuencia, el análisis pericial debe incorporar conocimientos derivados de la psicología del trauma, la victimología y la violencia de género para evitar interpretaciones sesgadas que responsabilicen implícitamente a la víctima de permanecer en contextos de explotación.
Uno de los mayores retos profesionales consistió en mantener la objetividad científica frente a un expediente con un alto contenido emocional. La exposición constante a evidencia fotográfica, descripciones médico-forenses, testimonios y antecedentes de violencia extrema representa un factor de riesgo para quienes intervienen en este tipo de investigaciones.
Con frecuencia, el homicidio de una mujer es precedido por múltiples episodios de violencia psicológica, física, sexual, económica y de control coercitivo que fueron minimizados o invisibilizados. Desde una perspectiva criminológica, la identificación temprana de estos indicadores representa una oportunidad para fortalecer las medidas de protección y prevenir desenlaces fatales.
La intervención del psicólogo forense dentro del sistema de justicia mexicano trasciende la elaboración de dictámenes. Su función implica traducir fenómenos psicológicos complejos a un lenguaje técnicamente sólido y jurídicamente útil, sustentado en evidencia científica y metodologías validadas. Un peritaje correctamente estructurado puede aportar elementos relevantes para la valoración judicial, particularmente cuando permite contextualizar las dinámicas de violencia de género, el impacto del trauma complejo y los mecanismos de dominación característicos de la trata de personas.
Más allá del expediente, existen casos que transforman la manera en que los profesionales comprendemos la violencia. Este feminicidio representó un recordatorio de que detrás de cada carpeta de investigación existe una historia marcada por múltiples vulnerabilidades, omisiones institucionales y relaciones de poder profundamente asimétricas. También confirmó la necesidad de fortalecer la capacitación especializada de quienes participan en la procuración e impartición de justicia, promoviendo enfoques interdisciplinarios con perspectiva de género y derechos humanos.
La psicología forense tiene la responsabilidad de traducir fenómenos humanos extraordinariamente complejos a un lenguaje comprensible para el sistema de justicia. Un dictamen técnicamente sólido no solamente describe hallazgos; explica relaciones causales, contextualiza la conducta de víctimas y agresores, identifica factores de riesgo y proporciona elementos científicos que permitan a la autoridad judicial comprender la dinámica de violencia desde una perspectiva integral. En casos de feminicidio vinculados con delincuencia organizada, explotación sexual o trata de personas, esta función adquiere una relevancia aún mayor, pues las dinámicas de sometimiento suelen ser invisibles para quien únicamente observa los hechos desde una óptica jurídica tradicional.
La experiencia profesional demuestra que el rigor técnico no es incompatible con la sensibilidad ética. Por el contrario, ambas dimensiones son indispensables para que la psicología forense contribuya de manera efectiva a la búsqueda de la verdad jurídica y a la protección de los derechos de las víctimas. Cada dictamen elaborado representa una responsabilidad científica, pero también un compromiso con la memoria de quienes ya no pueden narrar su propia historia. En ese sentido, el mayor desafío del perito consiste en convertir la evidencia en conocimiento útil para la justicia, sin perder de vista que, detrás de cada análisis, existe una vida arrebatada por la violencia feminicida.














