Alberto Cazares Flores
Doctorando en Derecho Procesal. Maestro en Derecho Corporativo. Maestro en Derecho Laboral
Hablar de derecho no debe ser tomado como una cosa sencilla o fácil; significa una responsabilidad, porque quien recibe la información la aplica para satisfacer una necesidad. En el derecho, el 70% de las necesidades surge por una disputa donde se encuentran inmersos, intereses, derechos y hasta la libertad de un individuo.
Cuando me invitan a escribir sobre el por qué estudié derecho, tengo que remontarme treinta años atrás; precisamente este año cumplo tres décadas de estudiar derecho, esta profesión, considero que la tenemos quienes la practicamos como un estilo de vida, tratamos de tener siempre a la mano, un consejo Jurídico para quien lo solicita.
Es una profesión demandante de tiempo, de capacitación continua y sacrificios personales. El abogado postulante se distingue por su tenacidad y desempeño en los juzgados, así como la atención puntual y diligente para con sus clientes. Atendiendo cada una de sus necesidades, encontrando a cada una de estas una solución, pero, sobre todo, una habilidad histriónica, capaz de convencer a un juzgador. El abogado postulante pasa noches sin dormir, horas sin comer y dedica mucho tiempo a encontrar ese argumento capaz de convencer a un juez, un argumento que encuadre en un dispositivo jurídico. Aquí me resulta importante indicar que el Abogado no conoce de verdades cuando hay una disputa. Cada parte trae su verdad. Sin embargo, el juez encuentra en alguna de ellas la solución al conflicto, la llamada verdad legal, esa que es apuntalada con lo que se pudo probar dentro del proceso.
Un abogado entiende que su posición en la sociedad es prioritaria, a la par de un médico. Somos de primera necesidad, y todo esto conlleva una responsabilidad, misma que nos obliga a dirigirnos con honestidad y debida diligencia.
Si me preguntan por un caso relevante en estas tres décadas de estudio y práctica jurídica, debo decirles que cada asunto debe ser tomado “case by case”; cada uno tiene su importancia y urgencia, cada cliente merece atención y respeto. Sin embargo, puedo decirles que he atendido asuntos desde Mexicali hasta Playa del Carmen en todas las materias. Me ha tocado ver cómo cambian de nombre los juicios; por citar un ejemplo, las cuestiones de arrendamiento se ventilaban con un proceso llamado «juicio ordinario Civil sobre cuestiones de arrendamiento», luego se llamó «juicio especial de arrendamiento», y el día de hoy se llama «juicio oral de arrendamiento». Aquí podemos notar cómo el legislador adapta el proceso judicial a las necesidades sociales. Hemos visto cómo se reformó el proceso laboral y el proceso penal; el proceso civil constantemente se encuentra cambiando. Los conflictos, siguen siendo los mismos: disputas entre particulares, conflictos particular-Estado, restricción de derechos laborales. Ser abogado implica tiempo, entrega, pasión y dedicación.
Quién brinda asesoría legal debe entender que en sus palabras las personas encuentran alivio a sus necesidades. La profesión del Abogado va más allá de escuchar un problema y dar un consejo; debe buscar la solución al conflicto. No es sencillo, tomando en cuenta que hay dos tipos de clientes: el que quiere escuchar de su Abogado lo que él quiere o el que quiere escuchar de su abogado, la solución a su problema.
Si me piden describir con una sola palabra a un Abogado, mi descripción sería “dedicación “, es la esencia de todo Abogado.














