Alberto del Castillo del Valle
Profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México
Progreso significa la acción de ir hacia adelante, es un avance o un perfeccionamiento, conforme al Diccionario de la Lengua Española; así, progreso es evolucionar para el bien, para traer nuevos elementos que sirvan al ser humano para vivir mejor.
En materia de derechos humanos el progreso implica darle diariamente al gobernado una mayor protección en todas sus prerrogativas, permitiéndole desenvolverse plenamente en su devenir cotidiano. Las experiencias que se han vivido en países que se dicen socialistas, dejan ver que en ellos no hay progreso en materia de derechos humanos, sino un rezago al limitarse la libertad de los gobernados en general, verbigracia impidiéndoles que expresen y ejerzan la libertad religiosa en su totalidad y debida extensión.
En el mundo de la economía, el “progreso” significa asegurar el respeto a la libertad emprendedora para crear más bienes de consumo a la sociedad y con ello mejores niveles de vida para la población, toda.
En los primeros tiempos el ser humano en sociedad no tenía protegidas sus prerrogativas frente al gobernante, habiéndose creado paulatinamente los medios sustantivos y adjetivos de tutela de los derechos humanos, siendo la característica de los sistemas democráticos liberales llamados capitalistas del siglo XX, frente a los sistemas socialistas en que el discurso del imperio de los derechos sociales y económicos fue su bandera de lucha, sin haber una certidumbre sobre los beneficios de los derechos económicos, representando un discurso político-social en que se sostiene la necesidad de una economía sustentable y dirigida por el gobierno, sin que la misma repercuta en pro del gobernado y sin establecerse las bases para alcanzar ese fin.
Desde la óptica económica el sistema socialista no ha traído progreso en los regímenes donde se dice que impera, frente a la realidad que se vive en los países capitalistas, correctamente liberales; el ejemplo más sólido lo tenemos en la comparativa entre dos islas, una devastada durante la Segunda Guerra Mundial (Japón), y otra devastada a partir de haberse adoptado un sistema socialista (Cuba). Veamos sus realidades objetivamente como lo podemos apreciar en nuestro país, donde se adquieren vehículos automotores de empresas (en plural) japonesas; por el contrario, no hay un solo automóvil de fabricación cubana (porque el estatismo disfrazado de socialismo no lo permite). En nuestro país encontramos turistas japoneses, no así personas cubanas visitantes de México (no pueden salir de la isla, por el temor del “gobierno” de que no regresen al encontrar libertad fuera de ella).
Lo expuesto nos lleva a concluir que tanto en el aspecto económico individual, como en el aspecto económico colectivo o de Nación, hay una gran diferencia entre el mundo liberal (Japón) y el mundo socialista (Cuba y Venezuela), pues en éste no hay libertad protegida por la ley sin que el gobernado encuentre alicientes para un efectivo progreso ni una evolución en materia de sus derechos naturales y de los nacidos en sociedad (como los políticos electorales) ni en el ámbito de su progreso económico en la sociedad (progreso que no lo hay).
Antonio Escohotado, Filosofo, escritor, y profesor universitario, sostiene en una entrevista difundida en línea tecnológica:
“El capitalismo siempre ha tenido mala prensa; el comunismo siempre ha tenido buena prensa. Ahora que estoy en pleno volumen 3 he descubierto que Rusia cuando paso de Rusia a ser la URSS, perdió en la guerra civil un millón y medio de personas… uff mucho eh; sin embargo, perdió en los primeros cinco años de gira de Lenin de hambre y de frío casi treinta millones de personas; la guerra civil millón y medio, hambre y frío treinta. Estamos hablando de un cuarto de la población. ¿A que no se lo han enseñado en el colegio? ¿no? Yo se lo enseñaré… y les daré las bases para poder tener esa certeza. ¿Por qué no sabemos esas cosas? ¿Por qué no sabemos, por ejemplo, que todos los jefes de fila del comunismo fueron señoritos, hijos de papá que vivieron de sablazos y de lo que les daba su familia? ¿Por qué no recordamos que Marx dejo morir de hambre y de frío a tres hijos antes de trabajar en la academia de lenguas que tenía a dos cuadras, su amigo Wolff? ¿Sabían ustedes que Lenin vivió treinta años de las remesas de su mamá? Ni un solo cabeza de fila igualitarista ha trabajado… todos han creído que podían vivir de “revolucionarios profesionales” ¡Que cosa curiosa! Pero… ¿Por qué no me lo han enseñado a mí esto en bachillerato? ¿Por qué mientras estudiaba Derecho y Filosofía no me lo han enseñado mis profesores? ¡Cosa curiosa!”.
Terrible conocer la verdad de la vida de los socialistas-comunistas al decir de don Antonio que nos los dibuja de cuerpo entero y que se complementa con la idea difundida en la red que se atribuye a Luis Guillermo Vélez:
“La desigualdad existe porque hay gente más talentosa que otra, más trabajadora, más ahorradora, más creativa y más empeñada en forjarse su destino; menos envidiosa, menos perezosa y menos empeñada en culpar de su fracaso a los demás y esperarlo todo de gobierno”.
Hay desigualdad porque unos se esfuerzan y otros solamente quieren disfrutar los beneficios de quien ha forjado un patrimonio derivado del trabajo y la dedicación, arropándose en la bandera de “igualdad”, la que no ha habido en el desempeño vital de cada quien (lo que los ojos “socialistas” no alcanzan a distinguir).
Luego entonces, no es cierta la afirmación tan socorrida de que el gobierno socialista es progresista como sostiene la presidente de México; las ideas que han traído al país repercutirán negativamente si es que se pretende quitar de nuestra sociedad, la libre competencia en materia económico-productiva, lo cual ya presenta un retroceso real y documentado por seis años de aplicar el estatismo (fundado en el resentimiento social), afectando al país porque parte de la población ha preferido recibir una dadiva gubernamental (con el dinero de la población trabajadora y productiva), lejos de llevar adelante una actividad de trabajo y aportación económica para el conglomerado social sustento del verdadero progreso nacional. Las dádivas económicas que el gobierno estatista da, no motiva a la población para que trabaje en beneficio de ella y produzca a favor de los demás, reflejando la presencia de una carga pesada para todos los contribuyentes y la población dedicada a progresar.
En una colaboración periodística, Armando Fuentes “Catón” hizo ver que el manjar “cabrito” estaba en extinsión, porque los pastores ya no quieren llevar a pastar al rebaño, pues la “beca” que les da el gobierno les da para vivir…. y emborracharse (como hemos visto hacerlo a jóvenes estudiantes en diversas ciudades, sin emplear el dinero en algo benéfico para su preparación, objetivo de la entrega de ese dinero).
Dormirse en la tranquilidad de que el gobierno les ha de dar todo, es contrariar la obligación humana inscrita en el artículo XXXVII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre bajo la siguiente redacción:
“Deber de trabajo.
“Toda persona tiene el deber de trabajar, dentro de su capacidad y posibilidades, a fin de obtener los recueros para su subsistencia o en beneficio de la comunidad”.
Nadie en sociedad debe ser una carga para ella; debe contribuir al progreso social, produciendo, trabajando y esforzándose para alcanzar bienes para su subsistencia y colaborar a que haya bienes para el consumo social. La esencia de la desigualdad la encierra la frase: la pereza frente a la dedicación.
Así, un sistema socialista no es realmente un sistema progresista, porque no encontramos una evolución del conglomerado social ni del individuo en lo particular en su devenir cotidiano; hay más bien un retroceso al crearse la idea de un feudalismo o de un estatismo con un rey absoluto, hoy conocido como dictador disrazado en su ropaje de benefactor democrático.
El socialismo de América NO respeta la dignidad humana, al no haber preocupación por proteger y asegurar el libre ejercicio de derechos humanos, según los ejemplos de Cuba y Venezuela y recientemente Nicaragua (en que se ha atacado indiscriminadamente a los sacerdotes de la religión católica por tener ideas distintas a las del dictador); la historia se repite: en 1966, los países socialistas no querían firmar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (pues en dichos países no existía la democracia, lo cual les impedía comprometerse a respetar derechos del ciudadano, tales como votar y ser votados y, desde luego, derechos civiles como el de todos los individuos de expresar abiertamente sus pensamientos). En la actualidad, esas prerrogativas van en contra de las finalidades del socialismo: la opresión del pueblo, como sucede en América donde los gobernantes se han encargado de dividir a la sociedad en buenos (los que son útiles en las elecciones) y malos (los que se esfuerzan por salir adelante, al ser ambiciosos -característica también del otro, pero que no quiere esforzarse por alcanzar sus metas-).
Conclusión: desde sus orígenes el socialismo (en realidad, estatismo) no es progresista, sino un sistema de regresión a la opresión de quien detenta el poder… como en los primeros tiempos en que no se salvaguardaron derechos humanos frente al gobernante.














