Tu empresa ya usa inteligencia artificial. La pregunta es: ¿bajo qué reglas?

Sarahí Espinales

Empresaria especializada en comunicación estratégica y transformación digital aplicada a negocios y educación. Cofundadora y Chief Operating Officer de DUERS

Son las 9:30 de la mañana. Tienes que responder a un cliente, preparar una propuesta y revisar un documento antes de tu siguiente reunión.

Abres ChatGPT.

Copias el correo del cliente, pegas parte de la propuesta y escribes: “Ayúdame a responder esto de forma más clara y profesional”.

En menos de un minuto tienes una respuesta lista.

Todo parece normal. Incluso eficiente.

Pero vale la pena detenerse un segundo: ¿qué información acabamos de compartir?

Tal vez había nombres, teléfonos, datos de la empresa, información confidencial o detalles de una negociación.

Y ahí el tema deja de ser únicamente tecnológico.

También entran temas que ya son legales: protección de datos, confidencialidad, propiedad intelectual y responsabilidad.

La inteligencia artificial ya está metida en la operación diaria de muchísimas empresas, aunque nunca haya existido una decisión formal de “implementar IA”.

Alguien simplemente empezó a usarla para redactar correos, resumir reuniones, investigar, analizar documentos o preparar propuestas.

Eso no es necesariamente un problema. Bien utilizada, puede ahorrar tiempo, ordenar procesos y ayudarnos a trabajar mejor.

El problema empieza cuando la usamos sin haber pensado antes cómo queremos hacerlo.

En transformación digital veo esto con frecuencia: primero llega la tecnología y después vienen las reglas. Y con la IA, creo que vale la pena pensar esas reglas desde antes.

Pensemos en algo cotidiano: una base de datos de clientes.

Alguien quiere analizarla más rápido, así que la sube a una herramienta de IA y le pide que encuentre patrones o prepare un resumen.

Suena práctico, pero esa base puede contener nombres, correos, teléfonos, información financiera

o datos internos de la empresa.

Entonces la pregunta ya no es solo: ¿la IA puede hacerlo? También es: ¿deberíamos darle esta información?

Estas plataformas son tan fáciles de usar que a veces olvidamos algo básico: seguimos trabajando con información de clientes, colaboradores y de la propia organización.

Con el contenido pasa algo parecido.

Hoy podemos hacer una presentación, escribir un texto, crear una imagen o preparar una propuesta comercial en minutos.

Eso nos abre muchas posibilidades, pero también nos obliga a revisar mejor lo que hacemos.

¿De quién es ese contenido? ¿Podemos usarlo comercialmente? ¿Estamos verificando lo que publica nuestra empresa? ¿Qué pasa si incluye información incorrecta o elementos que no deberíamos utilizar?

En DUERS hablamos mucho de adopción tecnológica porque tener acceso a una herramienta no significa saber usarla bien.

Adoptar tecnología tampoco significa delegarle el criterio.

El tema se vuelve más serio cuando empezamos a usarla para tomar decisiones.

Una empresa puede usarla para filtrar candidatos, priorizar clientes, analizar riesgos, recomendar precios o sugerir cómo responder ante una situación compleja.

Pero si esa recomendación está equivocada, ¿quién responde?

Un sistema puede procesar muchísima información y detectar patrones en segundos. También puede trabajar con datos incompletos, equivocarse o reproducir sesgos.

La herramienta puede ayudar a decidir, pero no puede asumir las consecuencias de esa decisión.

Por eso la conversación ya no debería limitarse a preguntarnos qué puede hacer la IA por nuestra empresa.

También tenemos que preguntarnos bajo qué reglas queremos utilizarla.

Porque podemos delegar tareas, análisis e incluso recomendaciones. Lo que no podemos delegar es la responsabilidad.

Ya puedes compartirlo!