Ernesto Meana Sariñana
Abogado litigante, analista y consultor con 45 años de ejercicio profesional, independiente en diferentes campos del derecho.
Nací aquí, he vivido aquí toda mi vida y me siento profundamente orgulloso de su historia, su cultura, su gente trabajadora, su gastronomía, sus paisajes y su enorme riqueza humana.
Es Precisamente por ese amor, que me cuesta admitir algo que nunca imaginé sentir durante un campeonato Mundial de futbol;
No puedo apoyar a México como antes.
No es un rechazo a mi país ni al juego nacional.
Es una decepción hacia el rumbo que percibo en una parte de nuestra sociedad actual.
Veo un México donde el desorden se normaliza como algo ya cotidiano y común, donde la mediocridad deja de incomodar, donde la corrupción parece aceptarse como algo inevitable y donde cada vez menos personas creen que el esfuerzo, la disciplina y la responsabilidad son el camino único y correcto para construir un mejor futuro para todos por igual; “sin distinción de género, ni tampoco de ideologías, ni de clase social.”
No culpo a quien lucha únicamente por resolver el día a día de su propia existencia; Entiendo que millones de personas enfrentan dificultades diferentes, reales y que sobrevivir consume gran parte de su energía.
Realmente lo que me preocupa, es algo más profundo: la pérdida de aspiración colectiva para construir un mejor México, más justo, más empático, más balanceado, más equitativo, más culto, con mayor educación, principios, civismo, valores; de esos que ya se perdieron o están a punto de ser enterrados… eso es realmente lo que me preocupa; quizás no para mí que estoy ya formado, sino para las nuevas generaciones de nuestros hijos jóvenes y de nuestros nietos, que apenas salen del cascarón y se encontrarán con la mezquindad e indiferencia que estoy señalando en este texto.
Me ocupo y me preocupo por tener en mi cuerpo y en mi mente ahora, una sensación de que ya no queremos construir un mejor país, sino simplemente adaptarnos a uno peor.
La idea de que el sacrificio ya no vale la pena.
Que la educación importa menos.
Que la excelencia incomoda y la capacitación importa cada día menos, mientras las clases sociales, bajas y medias (que son el grueso de la población), tengan, bimestralmente su dinero en la cuenta que el Estado entrega a partir del bienestar, que es producto simplemente no de una dádiva más; sino del trabajo y del esfuerzo de los impuestos que devengamos todos los mexicanos que producimos dentro de la economía Formal.
Señala este estulto gobierno que exigir más se considera clasista, conservadores e ingenuos.
Y mientras tanto, seguimos distraídos entre espectáculos, discursos políticos vacíos “para darle al pueblo pan y circo” y emociones pasajeras, como si celebrar fuera suficiente para resolver aquello que no queremos enfrentar; ¡Y QUE LA GRAN MAYORÍA QUE TENEMOS CEREBRO Y PENSAMOS ESTAMOS HARTOS!
México tiene todo para ser una gran nación.
Lo que duele es ver cómo, poco a poco, perece nuestra vida conformarse con menos de lo que podríamos llegar a tener en justa medida…
Por eso este campeonato Mundial; no puedo gritar los goles con la misma emoción de antes 70 y 86, cuando nuestro país era otro, había democracia, pluralidad, balance político, equidad, instituciones de todo tipo, que regulaban la vida normativa de nuestro México y su crecimiento, habiendo salido de etapas socialistas y de derechas; sin embargo, han pasado ya 40 años y nos hemos mantenido en condiciones muy adversas para que nosotros los mexicanos que vivimos la época de oro podamos sentirnos orgullosos de ello y transmitirlo a nuestros hijos.
Lamentablemente, cada día veo muy patético el horizonte para conformar y confrontar realidades que de suyo no son, y realmente me avergüenzo de ello por no poder hacer mucho.
No porque haya dejado de amar a México.
Sino porque lo sigo amando lo suficiente como para sentir tristeza, cuando veo que se aleja de su mejor versión, y que potencialmente en el año 2018 se veía crecer a pasos agigantados con una economía que llegaría a ser de nivel del primer mundo con un desarrollo social, económico, cultural y educativo de primera orden. Todo eso fue destruido, tirado a la basura, olvidado masacrado, pisoteado ¿por quiénes? por un grupo de sujetos trotskistas comunistas, socialistas que pretendían apoderarse del poder como lo han hecho, y de hacerse de riqueza infinita con el robo a mansalva y mano armada, como lo han venido manifestando “sin que podamos nosotros, los ciudadanos de a pie, hacer absolutamente nada.
Para finalizar, esperemos simplemente tener un lugar digno en el escalón de las estadísticas de un nuevo campeonato mundial que terminará este año para México y todos los países que están participando.














