
Si alguien sigue pensando que el fitness en México es un negocio de nicho, está leyendo mal el tablero. Aquí no hay una tendencia emergente: hay un mercado subexplotado con indicadores que empiezan a alinearse para un despegue sostenido.
El dato incómodo es el punto de partida: menos del 5% de los mexicanos asiste a un gimnasio. En términos empresariales, eso no es una debilidad estructural, es una oportunidad masiva. En un país con más de 120 millones de habitantes, el fitness no compite por cuota de mercado… compite contra la inercia cultural. Y eso, bien leído, es terreno fértil. Comenta David Rascón, CEO de Anytime Fitness México
En los últimos cinco años —pandemia incluida— el sector no solo resistió el golpe, lo capitalizó. La salud dejó de ser narrativa aspiracional para convertirse en variable crítica en la toma de decisiones personales. Hoy, entrenar no es un “extra”, es parte del sistema operativo de quienes buscan sostener productividad, energía y desempeño.
Ahí es donde el negocio empieza a tomar forma real.
Casos como Anytime Fitness son ilustrativos no por su discurso, sino por su ejecución. Pasar de 74 a 115 unidades en México en un entorno complejo no es crecimiento orgánico, es estrategia bien calibrada. Y el plan no se detiene: 20 nuevas aperturas proyectadas hacia 2026 con una inversión cercana a 130 millones de pesos. Esto no es exploración de mercado; es lectura clara de demanda futura.
El perfil del consumidor también es consistente. El core está entre los 27 y 39 años: población económicamente activa, con ingresos, agenda saturada y alta presión por rendir. Traducido al lenguaje de negocio: buscan eficiencia. No compran membresías, compran soluciones que se integren sin fricción a su rutina.
Rascón asegura que, “México no es un mercado homogéneo, y ahí está uno de los errores más caros para cualquier operador. El comportamiento cambia por región. En el norte, el consumo es predominantemente masculino; en el Bajío y el centro, las mujeres lideran; en el sur, la participación se equilibra. Esto no es un dato anecdótico, es una variable estratégica. Quien no segmenta correctamente, no escala”.
En términos de expansión, hay geografías que ya están validando el modelo. Querétaro es un caso evidente: crecimiento económico, desarrollo urbano y densidad de población con poder adquisitivo han convertido al estado en un hotspot del fitness. Pasar de presencia a saturación controlada —14 unidades operando con proyección a 20— no es casualidad, es consecuencia directa de entender que el fitness sigue al dinero.
En paralelo, mercados como Oaxaca o La Paz empiezan a ganar tracción. No por tendencia, sino por vacío. Son territorios con baja penetración donde el first mover todavía captura valor relevante. En un sector donde la cercanía define la conversión, llegar primero sigue siendo una ventaja competitiva tangible.

Sin embargo, el cambio más disruptivo no está en el mapa, sino en el comportamiento del usuario.
“Los horarios tradicionales murieron. Hoy hay tráfico a las 4 de la mañana y a medianoche. No es romanticismo fitness, es adaptación a jornadas laborales extendidas y estilos de vida fragmentados. El gimnasio dejó de ser un espacio físico con horarios; se convirtió en un servicio disponible bajo demanda.
Y eso redefine completamente las reglas del juego.
La ubicación, que antes era diferenciador, hoy es requisito base. El usuario no está dispuesto a invertir 30 minutos en traslado. Quiere proximidad absoluta: salir de casa o la oficina y entrenar. Si no ocurre así, la decisión es simple: no entra. En ese contexto, modelos 24/7 y formatos de cercanía dejan de ser ventaja competitiva y se vuelven estándar de mercado” Afirma el CEO de Anytime.
Entonces, ¿dónde está la verdadera batalla?
En tres frentes muy claros: proximidad, flexibilidad operativa y acompañamiento efectivo. El precio, aunque relevante, ya no lidera la decisión. Lo que realmente fideliza es la capacidad de integrarse en la vida del usuario sin fricción y con resultados tangibles.
El fitness en México está transitando de categoría aspiracional a infraestructura básica de bienestar. Y cuando una industria cruza ese umbral, cambia todo: se institucionaliza la demanda, se acelera la inversión y se profesionaliza la oferta.
Aquí no hay mucho margen para la duda. El mercado está listo. La demanda empieza a madurar. Los jugadores que entiendan el timing, ejecuten con disciplina y lean correctamente al consumidor, van a capturar valor de forma sostenida.
Los demás, como siempre, llegarán tarde… y pagarán más por hacerlo.














