Josué Roberto Crespi Galicia

Licenciado en Derecho por la Universidad Anáhuac México, experiencia en Administración Pública Federal. Especialista en combate a la corrupción, fiscalización, auditoría, integración de investigaciones y defensa de derechos humanos. Maestrante en Políticas Anticorrupción por el INACIPE

En el complejo engranaje del Sistema, la justicia suele percibirse como el resultado de grandes reformas o sentencias históricas. Sin embargo, la integridad del sistema no se sostiene en los grandes discursos, sino en la soledad de las pequeñas decisiones diarias. Es en el espacio privado, antes de que el servidor público cruce el umbral de la institución, donde se libra la verdadera batalla contra la corrupción.

La disciplina personal: El origen de la probidad

La corrupción no suele comenzar con grandes sobornos; a menudo se gesta en la erosión gradual de la disciplina. El incumplimiento de los principios de legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia, establecidos en el Artículo 109 constitucional y la Ley General de Responsabilidades Administrativas, suele ser el síntoma final de un descuido previo en lo individual.

La disciplina es el eje transversal que previene la falta administrativa. Todo comienza en casa: la decisión de levantarse temprano, el rigor de tender la cama y el esmero en presentar una vestimenta impecable. Estos actos, que parecen ajenos al Derecho, son en realidad el entrenamiento del carácter.

  • El orden como barrera: Un Agente del Ministerio Público, un Policía de Investigación o un Perito que mantiene su uniforme o vestimenta planchada y su espacio de trabajo ordenado, proyecta una estructura mental difícil de corromper. La pulcritud externa es el reflejo de una metodología interna; quien respeta los detalles de su propia persona, difícilmente permitirá el desaseo en una cadena de custodia o en un expediente.
  • La mística del deber: El combate a la corrupción empieza cuando el servidor público comprende que la honradez no es un evento extraordinario, sino un hábito que se cultiva en la puntualidad y en el rechazo a la desidia.

El forjado del carácter en la adversidad

El quehacer profesional en el servicio público es extenuante. No obstante, la construcción de una vida íntegra no depende de los días en que el operador del sistema legal se siente invencible, sino de aquellos en los que avanza cansado, sin ganas, pero con propósito. Es en la fatiga donde se gana el respeto propio. Si el servidor público es capaz de vencer la tentación de la pereza, habrá fortalecido el músculo moral necesario para vencer la tentación de la dádiva.

Liderazgo con responsabilidad y propósito

El liderazgo en este ámbito no es un título jerárquico, sino una forma de responsabilidad radical. Implica ejercer el liderazgo con propósito: entender que cada firma, cada peritaje y cada detención es un ladrillo en la construcción de la paz social.

  1. Responsabilidad Radical: El líder con propósito asume que cualquier falla en su tramo de control es su responsabilidad. No busca excusas, busca soluciones.
  2. Ser el referente: El combate a la corrupción requiere operadores que decidan ser el líder que les gustaría tener. El liderazgo más potente es el que se predica con el ejemplo silencioso, aquel que inspira a los compañeros a través de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Una óptica compartida: Servidores públicos y Ciudadanos

La corrupción es un fenómeno que requiere una respuesta simétrica. La óptica ciudadana debe evolucionar a la par del servicio público. La integridad en el hogar se traslada a la calle cuando el ciudadano comprende que el respeto a la ley empieza por lo mínimo: no buscar el privilegio, respetar el turno y valorar el trabajo del servidor honesto. Cuando el ciudadano observa a un operador jurídico impecable, puntual y disciplinado, la confianza se restaura y el incentivo para la corrupción se desvanece.

El Código de Honor Diario

La ética se traduce en compromisos tangibles:

  • Puntualidad: Como respeto al tiempo del justiciable.
  • Pulcritud: Como respeto a la investidura y a la institución.
  • Resiliencia: Avanzar con excelencia a pesar del cansancio.
  • Liderazgo: Ser el referente de integridad para sus pares y la sociedad.

El Ritual del Reconocimiento Interno

La labor de procuración de justicia es a menudo solitaria y poco reconocida, el operador debe encontrar su propia validación. Al finalizar la jornada, tras haber tomado las decisiones correctas en la sombra, puede realizar un acto de justicia personal: llevar la mano derecha al lado izquierdo del pecho y darse dos pequeñas palmadas.

Este gesto es un auto-aplauso. Es el reconocimiento de que se ha mantenido la fe en el propósito, de que se ha vencido a la desidia y de que se ha servido a la Nación con honor. Esas dos palmadas son el recordatorio de que, aunque nadie más lo haya visto, se ha cumplido con el deber. Porque al final, el combate a la corrupción se gana cuando cada individuo puede mirar su reflejo y saber que fue impecable en lo pequeño para ser digno en lo grande.

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