“Casi toda la energía que México produce, importa o exporta pasa en algún momento por una terminal marítima.” La frase es de Raúl Villalobos, vocero de Oxy Services, empresa mexicana especializada en soluciones energéticas e infraestructura, y resume una realidad que el derecho y la política pública ya no pueden tratar como un anexo: los puertos son infraestructura energética de primer orden.

Un marco jurídico que ya permite la inversión privada
Las declaraciones se dan en el marco del segundo Congreso Internacional de Energía Tamaulipas, que se celebra en Tampico del 27 al 29 de octubre, con una cartera estatal que incluye contratos mixtos con CFE y Pemex, el desarrollo en aguas profundas del campo Trion (Pemex y Woodside), una central de ciclo combinado y diez nuevos proyectos eléctricos en prefactibilidad.
El punto jurídico es relevante para los lectores de Revista Edicta: la operación de terminales portuarias en México se rige por la Ley de Puertos, que habilita la participación privada a través de concesiones y permisos administrados por la SICT y las Administraciones Portuarias Integrales (API), mientras la evaluación de impacto ambiental ante SEMARNAT y, en infraestructura de hidrocarburos, la vigilancia de la ASEA completan el marco. En otras palabras, la vía legal para que la iniciativa privada construya y opere terminales energéticas existe y está activa.
La licencia social como ventaja, no como trámite
El vocero de Oxy Services propuso tres líneas de trabajo: terminales multipropósito capaces de manejar crudo, petrolíferos y, en el futuro, nuevos energéticos; conectividad tierra-mar con ductos, ferrocarril y carretera, y licencia social desde el inicio. “Los proyectos portuarios que dialogan temprano con las comunidades y cumplen con rigor la evaluación ambiental avanzan más rápido y con mayor certeza”, afirmó.
La planeación portuaria ya empieza a integrar la energía. El ejemplo mayor es la ampliación proyectada del puerto de Manzanillo, que contempla terminales de hidrocarburos junto a las de contenedores, con una inversión superior a 63,000 millones de pesos y horizonte a 2030. “La ruta es la correcta: integrar la energía en la planeación portuaria y no tratarla como un anexo”, señaló Villalobos.
El Golfo como eje energético
El Golfo de México concentra la producción costa afuera y las refinerías del país, y es la puerta hacia el mercado energético más grande del continente. Para Oxy Services, consolidarlo como eje de terminales energéticas es una decisión de competitividad: “Cuando una terminal funciona bien, nadie lo nota. Cuando se satura o se detiene, el efecto llega en días a las estaciones de servicio y a la industria”.
En un entorno internacional con fletes marítimos en máximos, la conclusión del vocero es directa: “Invertir en terminales no es solo una decisión logística: es una decisión de competitividad para México”. Desde esta revista, una lectura complementaria: la certeza jurídica es el cimiento que permite que esa inversión, pública y privada, llegue a buen puerto.
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